La contaminación de la industria de la moda

La industria textil es la segunda mayor consumidora de agua. Se estima que necesita 10.000L de agua para producir un kilo de algodon, es decir, un vaquero. Es de las industrias más contaminantes, produce el 20% del agua contaminada. Según la Comisión Europea de la ONU, este sector desprende más gases a la atmósfera que todos los vuelos y transportes marítimos internacionales juntos.

Según la fundación Ellen MacArthur, cada segundo se tira un camión de basura de textiles, esto podría traducirse a la contaminación de microfibras al océano, equivalente a más de 50.000 millones de botellas de plástico.

Añadido a la emergencia medioambiental, solo el 1% de la ropa está libre de sustancias químicas. Entre los casos más recientes, una marca de moda online, ‘Fashion Nova’, alerta en las etiquetas de su contenido en di (2-etilhexil) ftalato, plomo y cadmio. Estas sustancias, tóxicas, podrían provocar cáncer según la Oficina de Evaluación de Riesgos para la Salud Ambiental de California.

Además, millones de trabajadores viven en situaciones de riesgo laboral. Los métodos y condiciones de trabajo han provocado nauseas, mareos, incluso el coma entre sus plantillas. Después de China, Bangladesh es el mayor núcleo de fabricación de moda rápida. Más de 5 mil empresas para 4 millones de trabajadores.

La industria textil tiene a los trabajadores peor pagados del mundo. En el mundo 1 de cada 6 personas trabaja en el sector, y de estos 40 millones, el 80% son mujeres. El salario no supera los 3 dólares diarios. Por ejemplo, en Camboya el coste salarial de producir una camiseta en está entre los 15 y los 20 céntimos.

La Organización Internacional del Trabajo estima que las ganancias anuales en las industrias supone casi 5 mil dólares por trabajador.

Las empresas del primer mundo no dudan en abaratar costes, a cualquier precio. La explotación laboral es la esclavitud del s.XXI tanto como la sociedad de consumo es el escenario de la función.

Rebajas en la Gran Vía de Madrid. Foto: Flickr Creative Commons.

La ONU, en su informe denominado “A new textiles economy: Redesigning fashion’s future”, presenta cifras devastadoras. De acuerdo con sus datos, el 40% de las prendas consumidas nunca se usarán, sino que acabaran directamente en vertederos, donde serán incinerados, generando así más gases detrimentales para el medio ambiente.

Las cantidades son ciertamente chocantes y sorprendentes: se estima que cada minuto se queman unos cinco camiones de basura repletos de ropa. La empresa Burberry también nos proporciona un ejemplo de esta práctica nociva para el medio ambiente: ha quemado más de 32 millones de euros en exceso de ropa, supuestamente «para proteger su marca». Respecto a esto, la marca ha alegado que la energía derivada de la quema de estos productos la almacenan y por lo tanto no contamina. Sin embargo, el principal problema radica en haberlos producido en un primer lugar: si se hubiesen preocupado por fabricar de una manera más responsable, no habrían tenido que desechar esa enorme cantidad de ropa.

La causa de todo esto es la tendencia de producción que siguen la mayoría de las empresas en el mundo textil: fast fashion es una técnica mediante la cual los fabricantes tratan de poner al alcance de los consumidores las nuevas modas con la mayor rapidez posible, creando así un modo de producción en el que se intentan reducir al mínimo los costes, y de esta manera se generan prendas de baja calidad y que además dejarán de ser trendy muy pronto, generando así un círculo vicioso de «moda de usar y tirar».

En esta misma conferencia, la ONU ha declarado la situación actual de la industria de la moda de «emergencia ambiental». El objetivo de las Naciones Unidas en cuanto a este problema es lograr el cumplimiento de la agenda de Objetivos de Desarrollo Sostenible, meta que se ve entorpecida tanto por la contaminación como por el abuso en los derechos de los trabajadores de la industria de la moda.

A pesar de que el panorama actual no parece muy alentador, en los últimos años se han puesto en marcha diversas iniciativas que pretenden mejorar la relación entre el mundo de la moda y el medioambiente. Entre ellas, cabe destacar el proyecto Detox, por Greenpeace. Lanzada en 2011, esta campaña presenta un objetivo bastante ambicioso: el vertido 0 de sustancias químicas en las prendas de ropa para el año 2020, ya que estas acaban siendo liberadas en ríos y por lo tanto generando altos niveles de contaminación.

Campaña Greenpeace

Unas 80 marcas de ropa se comprometieron con esta iniciativa en su lanzamiento, algunas de ellas muy conocidas, como son Puma, H&M o Adidas. Desde que se empezó, Greenpeace ha realizado un seguimiento continuo de los avances de las marcas, obligadas a presentar los datos que reflejaran la evolución de los componentes químicos en sus prendas. Tras el último informe acerca de esta situación publicado en 2018, aunque es cierto que se ha demostrado una alta implicación por parte de fabricantes y proveedores y que la evolución es favorable, no parece que el objetivo de reducir a 0 los productos químicos vaya a ser factible para el año 2020. El desafío es demasiado grande y ambicioso, especialmente para las grandes empresas, ya que, al depender de cientos de proveedores que a su vez dependen de otros aún más pequeños,  para estas resulta mucho más complicado tener el control sobre todo lo que se hace a lo largo de su cadena de producción.

Campaña Greenpeace

Es por esto que, a pesar de lo positivas que son este tipo de iniciativas desenvueltas por ONGs, y lo importante que es que las empresas se comprometan con ellas, al final no dejan de ser más que propuestas y recomendaciones que las empresas pueden voluntariamente aceptar o rechazar. Y este es el motivo por el que es necesaria una regulación legal que no cree recomendaciones sino obligaciones para fabricantes. A nivel Europeo, ya se están dando los primeros pasos en este camino; el uso de nonilfenol (NPE) está estrictamente controlado y se prohibirá a partir del año 2020.  Esta decisión de la Unión Europea tomada en el marco del Convenio sobre la protección del medio marítimo del Nordeste Atlántico implica que tanto los estados miembros como la misma UE deben tomar las medidas necesarias para conseguir eliminar las sustancias tóxicas.

Además de todo esto, cabe destacar que cada vez un mayor número de marcas -algunas de las cuales mostramos en nuestra pestaña de marcas sostenibles- se esfuerza por producir de manera respetuosa con el medio ambiente, promoviendo un consumo sostenible e iniciando una contracorriente denominada “slow fashion”, siendo esta característica algo que atrae cada vez a más consumidores. Por lo tanto, las posibilidades están sobre la mesa, sólo tenemos que cogerlas, y sólo promoviendo este tipo de consumo las empresas se darán cuenta de que la sociedad demanda moda sostenible. El verdadero cambio comienza en cada uno de nosotros.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close